El servicio
Un observatorio digital reúne los datos de un territorio y los hace consultables por cualquiera: quien lo gestiona, quien lo visita y quien lo estudia.
Qué se instala
El equipamiento concreto se ajusta a cada territorio. Estos son los elementos habituales.
Detección temprana de humo
Cuando el observatorio lleva cámaras, sus fotogramas pueden pasar además por un modelo de detección de humo. El modelo puntúa cada fotograma y no avisa por uno suelto: hace falta que encadene varios minutos seguidos viendo la misma columna. Entonces sale un correo con la foto adjunta, porque lo primero que hace quien lo recibe es mirarla, y con la imagen delante una nube se descarta en dos segundos.
Reconoce columnas de humo naciendo dentro del encuadre, y el aviso llega unos minutos después del primer indicio. Cada aviso lo califica después una persona, y ese juicio es lo único que se publica: un modelo solo tiene sospechas, y publicar sospechas de incendio no es informar.
No ve humo ya disperso, ni bruma, ni nada que quede fuera del encuadre, y de noche no evalúa: lo único que se distingue son las luces de los pueblos. La cobertura es la que dan las cámaras que haya, que se instalan para enseñar el paisaje y no para cubrir un territorio.
Es un complemento, no un sustituto. Aprovecha una infraestructura que ya está instalada para otra cosa y añade un par de ojos más; no reemplaza a un sistema dedicado a la detección de incendios, ni a la vigilancia forestal, ni a los medios de emergencia, y no debe presentarse como tal a quien lo vaya a usar.
El diseño del proyecto
Si ya sabéis dónde queréis cada estación, confirmamos que el emplazamiento es adecuado, decidimos la ubicación exacta y hacemos el seguimiento de la gestión del espacio. Si aún no lo sabéis, estudiamos el territorio y os proponemos la distribución.
Mantenimiento
Los equipos están a la intemperie y la plataforma tiene que seguir funcionando. El mantenimiento se factura anualmente y empieza tras la instalación, nunca antes.